Aprende a pedir lo que necesitas.

El precio que pagamos por no pedir lo que necesitamos es alto, es negar nuestra esencia humana, apunta Adriana Castro.

A veces cuesta trabajo reconocer nuestras necesidades o ser específicas en solicitar lo que requerimos en términos de apoyo. Principalmente es difícil si eres de las ‘super-mujeres' que quiere resolver todo por sí misma.

Suele pasar que cometemos el error de destinar mucha energía en estar para las demás personas y tomamos roles con los que nos casamos para siempre. Quizá el tuyo es el de la mediadora eterna o la amiga divertida que siempre está bien y de buenas.

Independientemente de tu estilo, la intención es la misma: no nos gusta generar inconvenientes o decepciones. Pareciera que una voz interna nos recordara lo ocupadas que las demás personas están y por ellos dudamos en comunicar nuestras necesidades con tal de ‘no molestar’.

Pero el precio que pagamos por no pedir lo que necesitamos es alto, es negar nuestra esencia humana, además de quitarle la oportunidad a nuestros seres queridos de conectar con nosotras y de tener la satisfacción de dar.

Recuerda que a las personas no nos gusta estar en relaciones en las que no hay reciprocidad. Así que la única forma de solucionar esto no está en que tú des menos, sino en que desarrolles tu músculo de recibir… y de pedir.

Si dudas en comunicar tus necesidades, piensa en por qué lo haces ¿No las identificas hasta que ya es tarde? ¿O sí las ubicas pero te avergüenzas de ellas? ¿Piensas que te querrán menos si las compartes? Identifica al menos una razón por la que dudas en pedir ayuda.

A modo de práctica, toma el riesgo de pedir a tu amiga/o lo que necesitas. Te aseguro que habrá un beneficio para ambas personas. Esto permitirá que entre ustedes sientan más confianza y seguridad al construir una relación recíproca.

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