No ser madre por infertilidad social. ¿Te está pasando?

Hubo años en los que el Día de la Madre fue una fecha difícil para mí. Claro, este día siempre ha tenido una parte en la que celebro a mi mamá -que hace un par de años trascendió- y con quien siento una conexión valiosa. También vienen a mi mente las increíbles madres que conozco de cerquita y son una inspiración.


Pero en esos años difíciles esta fecha representó un angustiante recordatorio de que quizá nunca experimentaría el momento de cargar a mi propio bebé. Fue entre los 35 y los 40 años que esto ocurrió.

Quizá lo primero que te venga a la mente es que tuve un problema de infertilidad biológica y por eso no pude ser mamá. No, lo mío fue un tanto distinto: se llama infertilidad social.


Te pongo un poco en contexto. Cuando tenía veintitantos tenía otras metas: estudiar, encontrar trabajo y conseguir independencia económica. Y sí, estas son algunas de las etapas que las mujeres esperamos tener resueltas antes del ‘‘momento óptimo’’ para tener hijes.

El problema es que este ideal de vida cada vez es más difícil conseguir antes de los 30 años. Pero la biología no entiende de crisis económicas o circunstancias personales. A partir de los 35 años el reloj biológico avanza y disminuyen las posibilidades de embarazo.


Para mí era atemorizante escuchar en mis consultas de rutina los recordatorios de mi ginecólogo “si deseas ser mamá, debes hacerlo ya. Tu edad no podrá esperarte mucho más”.

Pasaban los años y en cada cita me lo repetía… hasta que en una consulta el doctor insistió en su recordatorio, a lo cual, mis ojos se llenaron de lágrimas y respondiendo con vergüenza dije: “Es que a pesar de que he buscado, no he encontrado a alguien con quien formar una familia”. Me sentí insuficiente.


En ese momento yo no sabía que mi problema tenía nombre: infertilidad social.

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